Estás solo, sentado en un banco de plaza en el medio de una ciudad llena de ruido que nada tiene que ver con vos ni la tranquilidad que te caracteriza. Lentamente, abrís tu mochila y entre tus papeles encontrás una foto. La foto que te vendieron como perfecta, la que no podés evitar mirar con detalle "mucha gente sonriendo, tomando coca y comiendo torta", y es en ese momento, en que empezás a reírte libremente y a los gritos, en el que te das cuenta de lo feliz que sos viviendo tu foto, tomando mate y comiendo galletitas hechas por vos.
Pero feliz en serio.
Feliz sin peros.
Feliz con poco.
Feliz con nada.
Feliz, a secas.
martes, 10 de marzo de 2009
miércoles, 4 de marzo de 2009
sábado, 21 de febrero de 2009
miércoles, 11 de febrero de 2009
Nocturno
Buenos Aires.
Tres y cuarenta, madrugada del once de Febrero.
Estoy parada en el medio de la nada.
No conozco esta ciudad, me olvidé de quién soy y de dónde vengo.
No sé nada, no tengo recuerdos, no distingo caras ni siquiera sé cuáles son mis gustos.
Estoy sola. No siento haber estado acompañada nunca.
No veo gente, ni animales, ni ningún tipo de ser viviente.
Hay edificios y construcciones, altas.
No veo estrellas.
No hay luna.
Piso cielo y cuando alzo la vista veo calle.
Veo caballos arriba de bancos de plazas, arriba de edificios.
Siento inestabilidad, me siento lluvia.
No sé lo que es sentir.
Todo es confundido.
Estoy fundida.
Quizás no sé lo que es sentirse hundida.
Tal véz fue un día.
Pierdo lucidez.
No hay zul. Es de noche.
Ahora me siento azul.
Azul con lluvia y viento.
El viento toca.
Tocar luz.
Tocar la luz.
Recuperé la razón.
Buenos Aires.
Cuatro de la mañana del once de Febrero.
Estoy parada en Avenida Corrientes y Lambaré.
Conozco Buenos Aires desde que nací. Me llamo Mili y vengo de adentro de mi mamá.
Sé un montón de cosas, pero ninguno de mis conocimientos es absoluto.
Recuerdo haber mordido a un perro para robarle la cucha cuando tenía dos años, las caras de
mis papás, mis amigas, mis abuelos y algunas otras pero cada vez con menos detalles.
No estoy sola. Siempre estuve acompañada.
Veo gente, perros, palomas y hasta un gato en un balcón.
Hay edificios y construcciones, altas sí.
Veo un montón de estrellas. Veo una luna increíblemente grande, amarilla y menguante.
Piso la calle y cuando alzo la vista veo el cielo por primera vez.
Acá no hay caballos, eso es en Plaza Italia (donde también hay bancos de plaza pero sólo sobre la plaza)
Me siento nube. Siento establos.
Sé lo que es sentir, me acuerdo perfectamente.
Todo es efecto.
Estoy perfecto.
Quizás no sé lo que es sentirse preso.
Tal véz fui presa.
No pierdo nada.
Acá hay luz. Ya es de día.
Me siento ida.
Azul con vida.
Zul con vida.
Luz con vida.
martes, 9 de diciembre de 2008
martes, 28 de octubre de 2008
Situación
Está sentado. No tiene miedo pero aparenta tenerlo. Piensa, y mientras elije no decir nada se sirve un vaso de agua. Toma un papel que está apoyado en la mesa y lo lee. Levanta la vista y se encuentra con ella. Cruzan miradas tímidamente. Se enamoran, simplemente, porque están viviendo lo mismo. El público no les cree, los percibe falsos, repentinos, irreales. Ellos no se percatan de la existencia del público, actúan como si este no existiera. Se sonríen estúpidamente. No están acostumbrados a vivir este tipo de situaciones. Se inhiben mucho más de lo que lo demuestran. Piensan tanto que son incapaces de hacer algo. La vergüenza los deja inmóviles, paralizados.
Del público se levanta una persona, los aplaude.
- Terminamos acá, gracias por venir chicos. Si quedan los llamamos en la semana.
Del público se levanta una persona, los aplaude.
- Terminamos acá, gracias por venir chicos. Si quedan los llamamos en la semana.
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